domingo, agosto 07, 2005

El proceso comunicativo como objeto de reflexión

La “problematización” del proceso comunicativo es un hecho reciente. Las facultades de comunicación surgen después de la segunda post-guerra y la reflexión conceptual sobre el tema es todavía más reciente. Durante mucho tiempo la comunicación era definida como algo natural y, por lo tanto, invisibilizada como productora de efectos específicos. El cuestionamiento del proceso comunicativo surge a partir de una serie de hechos que paso a reseñar.

1) La urbanización y el aumento del tiempo libre implican el surgimiento de un público que permite la mercantilización de la cultura. Especialmente a partir del surgimiento de los medios de comunicación masivos. No hay que sorprenderse, entonces, que la “industria cultural” sea vista con sospecha. Se le prejuzga como dominada por una voluntad de lucro que opaca cualquier consideración propiamente artística. Además, se considera que trastoca el proceso de socialización desplazando a la familia como el agente principal en la educación. Finalmente, se piensa que impone contenidos homogenizadores que destruyen en su germen la capacidad de crítica orientando a la sociedad a un conformismo generalizado. Ésta es la perspectiva de la Escuela de Frankfurt cuyas tesis centrales son recogidas y actualizadas por autores como Sartori y Bourdieu. En síntesis, la comunicación de masas es valorada como un problema, puesto que debilita la pulsión creativa e incita a la banalidad. Desde luego, este diagnóstico es muy discutible.

2) Cuando el lenguaje era considerado como mera representación de la realidad no había mayor razón para detenerse en él. No obstante, con la decadencia del positivismo y el consiguiente abandono de la creencia de una realidad una (el desprestigio de la metafísica), comienza a tomarse conciencia del aspecto performativo del lenguaje y la comunicación. Surgen, entonces, las teorías sobre la “construcción social de la realidad”. El lenguaje no sólo nombra o representa, sino también clasifica y jerarquiza. Y, sobre todo, crea. Sus efectos de poder son enormes. Se trata del “giro lingüístico” o “giro cultural” que se da en las humanidades y las ciencias sociales desde principios del siglo XX. La fenomenología y la hermenéutica insurgen contra el objetivismo mostrando que la comunicación es un proceso en el que se define mucho del mundo social. Además, la sociolingüística hace visible que el lenguaje contiene al sentido común, que es el espacio donde se cristalizan las representaciones sociales que fundamentan las prácticas cotidianas. Finalmente, el análisis del discurso como ideología pone en evidencia que la propia comunicación supone y recrea una jerarquía de poder.

3) La vitalidad de la reflexión de McLuhan difícilmente puede ser sobre estimada. Su problematización del proceso comunicativo es especialmente fecunda, convirtiéndolo en un clásico. Su idea central es que “el medio es el mensaje”. Es decir, los modos de comunicación condicionan los contenidos transmitidos. Por tanto, la tecnología comunicativa es un hecho central y lleno de consecuencias. La oralidad, la comunicación boca a oreja se desarrolla en la aldea tribal y supone un predominio del oído sobre los otros sentidos. El mismo soporte comunicativo, la voz, y la falta de un registro estricto, condiciona que los mensajes sean estereotipados y que la memoria sea una facultad muy apreciada. Todo ello supone una baja individuación y el predominio de lo colectivo. La comunicación estricta es importante a partir de la imprenta y la masificación de la lecto-escritura. Con el texto escrito se impone la vista sobre el oído, y el individuo sobre el grupo. La escritura favorece el desarrollo de la autoría y la reflexividad. La individuación del pensamiento. La “infraestructura” de la modernidad es la imprenta. La subjetividad reflexiva a la que incita la lecto-escritura resta fuerza a la conciencia tribal fundada en el rito y la oralidad. Por último, la tecnología audiovisual, gracias a su efecto “hipnótico”, apelando sobre todo a las emociones, atiende a mermar la capacidad crítica y la individuación. Ahora, desde el satélite, estaríamos en la época de la “aldea global” caracterizada por la simultaneidad de la información. La idea de que la tecnología comunicativa condiciona la estructura de la subjetividad es, sin duda, provocativa y problematizadora.

4) La teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas apunta a impulsar un tipo de comunicación que haga posible un consenso denso, realmente comprometedor para quienes en él participan. En una “comunidad ideal de hablantes”, los que participan lo hacen con la disposición de exponer sus mejores razones, pero también no descarta la posibilidad de dejarse persuadir si las razones de los otros resultan más convincentes. Se trata de una “comunicación sin dominación” donde apropósito de la argumentación e intercambio de puntos de vista surge algo nuevo: un consenso y/o un disenso clarificado, en el sentido de explicitación de las diferencias. De cualquier manera, la “razón comunicativa” ejercida en los “espacios públicos” lleva a una profundización de la democracia, a un fortalecimiento del tejido social. Este modo libre y argumentativo de comunicación se diferencia de los procesos donde la comunicación está interferida por el miedo y el poder, o por los prejuicios y la consiguiente falta de entusiasmo.

5) Desde la perspectiva psicoanalítica, la comunicación, el diálogo analista-analizante, es el proceso mediante el cual el analizante puede reconstruir los patrones de interacción (por ejemplo sentirse víctima, odiar, no poder confiar, etc.) que ha internalizado y que definen su ser en el mundo. En efecto, en el proceso comunicativo escenifica todos sus modos de vincularse con los otros. En analista facilita la simbolización o toma de conciencia de estos vínculos. Establecida la “transferencia” el analizante interioriza al analista como una voz que le permite una lucidez extra que apacigua y le hace más soportable sus “ruidos internos”. El proceso comunicativo, a través de la transferencia, hace posible una refundación del mundo interior, liberando al analizado de compulsiones y miedos.

6) Autores como Bajtin y Derrida han problematizado la imagen de la comunicación como un proceso fluido de intercambio de puntos de vista. Derrida nota que en una conversación el oyente tiende a “escaparse” para preparar su siguiente intervención. Tiende a retener muy poco de las razones del otro. Sólo, quizá, unas frases que quedan “rebotando” en su cabeza. De ahí que tenga sentido la expresión: “la comunicación empieza cuando el diálogo termina”. Es decir, la disponibilidad para escuchar al otro se incrementa con su ausencia, cuando tratamos de hacer sentido de estas frases “de rebote”. Aunque la situación que describe Derrida no es una necesidad lógica, representa, sin embargo, un hecho bastante común, sobre todo en los espacios públicos, donde nadie escucha al otro. En el mismo sentido, los psicólogos cognitivos señalan que un oyente promedio no retienen más allá del 10% de la información que recibe. Finalmente, Bajtin considera que el monologismo es la actitud predominante. Mientras tanto, el dialogismo supone una capacidad de empatía que resulta de la democracia, de la definición del otro como un igual a mí. En el campo del arte, el dialogismo se plasma en la llamada “novela polifónica”, donde cada personaje tiene una perspectiva propia.

7) En la pedagogía y el mundo del márketing la comunicación se ha problematizado desde una inquietud instrumental: cómo lograr que el mensaje llegue al receptor incorporándose dentro de él como una disposición conductual. La idea de hacer más “eficiente” el proceso comunicativo implica que hay una persona que sabe y otra que necesita ser informada o persuadida. Los estudios de márketing buscan adecuar el mensaje al receptor tocando las “ventanas correctas”. Es decir, estudiando el gusto de la gente para hacer más incisivo el mensaje. El caso de la pedagogía es muy diferente, pues lo que se suele discutir es el cómo fomentar las capacidades de los educandos. La tendencia actual es la de cuestionar el monólogo docente y privilegiar la recepción, el aprendizaje. En especial el desarrollo de una capacidad de análisis sobre la propia experiencia, lo que supone que el educando se autorice a sí mismo, y que también sea autorizado por el docente.

En síntesis:

En la comunicación se (re)crea lo social. Ahora sabemos que no es algo natural y transparente, sino complejo y problemático, pues puede producir efectos muy distintos. El psicoanálisis y la corriente habermasiana, por ejemplo, aspiran a una comunicación liberadora que desvanezca la dominación. No obstante, muchos teóricos de la comunicación de masas subrayan su potencial enajenante, de creación de relaciones de poder y de mengua consiguiente de la creatividad de los individuos. Ciertamente, la comunicación puede ser una cosa o la otra. Y es el estudio de los procesos comunicativos específicos los que nos puede dar luz sobre su significado liberar o enajenante.

1 Comments:

Anonymous vanaya said...

Muy interesante e ilustrativo. Sobre todo, porque luego de tanto tiempo, veo una reseña sobre este proceso que implican muchas de las cosas que he pensado y vivido durante mi desempeño como Comunicadora, como profesora, como futura magister en Lingúística y como persona. Resume muchas de las cosas sobre las que he reflexionado desde hace ya algún tiempo.

1:14 p. m.  

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